corazón mío

 
Creí que te habías muerto, corazón mío, en Junio.
Creí que, definitivamente, te habías muerto: sí, lo creí.
Que, después de haber esparcido
el revoloteo púrpura de tu desesperación,
como una alondra caíste en el alféizar;
que te extinguiste como el fulgor atemorizado de un espectro;
que como una cuerda tensa te rompiste,
con un chasquido seco y terminante.

Creí que, acorralado por tus desvaríos,
traicionado por los todavías, alcanzado por las evidencias,
exhausto, abatido, habías sido derribado al fin.
Y contigo, se desvanecieron los engarces
entre sentimientos, imágenes, suposiciones y pruebas.
Se me fueron abriendo las costuras de la memoria:
ya me estaba acostumbrando a vivir sin ti.

Pero tus fragmentos estallados
se han ido buscando, encontrando, cohesionándose
como gotas de mercurio, sin cicatriz ni señal.
Y ahí estás, otra vez inocente,
sin acusar enmienda ni escarmiento, guiando, dirigiendo,
adentrando en ti el peligro, como si fueras invulnerable o sabio,
como si,recién nacido apenas, ya fueras capaz de distinguir,
en el mellado filo del clavel, la espada

Ana Rosetti

Cádiz- 1950
 
 
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