la rosa colorada

 

A su espinoso mundo sometida,
vive y muere la rosa colorada:
su pura soledad, qué bien guardada!,
su bandera de amor, qué defendida!

Guerra, pero entre dardos florecida;
cielo, mas al arrimo de la espada,
si hasta la rosa llega tu mirada,
no se le atreve al fin tu mano herida.

Miel indefensa, corazón desnudo
que a todo viento, si es de amor, te inclinas,
falto a la vez del arma y del escudo,

busca ya la milicia cuidadosa!
Y que, mortificado en tus espinas,
te valga la prudencia de la rosa.
 

Leopoldo Marechal
Argentina – 1900-1970
 
 
  
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