se preguntaba

Se preguntaba,
mirándose al espejo
que le enseñaba todos los días la cara de ayer,
si ya sería vieja
y ante el silencio
inició su paseo de zapatillas clandestinas
al interior del cuerpo.
Nadó en las cataratas de las aurículas,
se sentó despacito en el jardín de las articulaciones
y siguió el paseo de la avenida
que bordean tendones otoñales.
Pero allí no encontró la senectud
y siguió más adentro
buscando frondas en viaje infantil
donde tenía enterrados todos sus miedos,
miedos que habían nacido
perfumados de primavera
y que permanecían en cajitas
que ora estaban cubiertas con la inocencia del chocolate,
ora de frío lacerante igual que los carámbanos
que expenden las heladas
desde los bordes de los tejados.
Y ya allí las abrió como otras veces
y se encontró con miedos muy resecos
tan sólo polvareda de palabras,
memoria inerte,
pura cecina de alma
manando de la memoria con racionalidad
como si fuesen tabla de Pitágoras
o criba de Eratóstenes.
Volvió de su viaje
ya vieja y predispuesta
a perderse en el aire cualquier tarde
y quién sabe hacia
donde
como una flor de anémona.

Helena Villar Janeiro

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