Archivo de la categoría: de Tana

la duda

Pasó la duda
aquella eterna maga.
peregrina de las mentes
sin fe
y fecundó mi soledad
con su sórdida mugre.
Bastó el susurro
de su ondulante velo
para que yo sintiera
que ninguna certeza
soplaba suavemente
sobre esa negra bruma.
Ninguna mano tuya acariciaba
mi miedo enamorado.
Y sin el amor
que brilla
como una lámpara,
mi pobre corazón
estaba en sombras

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y va a llegar otro invierno

Y va a llegar otro invierno
y luego otra primavera
y el olor de la salvia
no dejará de traerme
los colibríes
y la ausencia.
Y empezará otro día
entre tinieblas
incipientemente doradas
por un sol casi afónico,
y ni tu voz
ni tu olor
ni tu tibieza
ni tu paisaje feroz
de niño alado.
Mi alma sonríe a las maravillas
pero mi corazón te llora


poema n° 7

Poema N° 7

Me he enamorado sucesivamente
de un velero blanco
de un vidrio azul
de una pantera negra.
Me pregunto qué serás mañana.

Dalia S. de Acero
Argentina- 1926


llueve en primavera

Te extraño amor.
La lluvia y la primavera
son una mezcla fatal.
El aroma de la glicina,
(nuestra glicina),
se cuela en el olor de la glicina

de la casa de enfrente.

La lluvia trae también
tardes de colibríes mojándose
por las flores de la salvia,

tan morada y fragante.

El ruido de las chapas.
El verde del jardín,

furioso de gusto.

Me pregunto si estará en pie
el abuelo limonero
o habrá entendido acaso,
como yo ahora,
que ya no volveríamos más.

 

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requiem

Quién puede ignorar
su lucha
Y quién podría negar
su fuerza.

Quién no admiró su Espíritu;
su incisiva, alocada,
tremendamente divertida!
forma de Ser.

Si perfecto es nacer
asi de perfecto y sagrado
es el momento de su muerte.
Grande, como fue grande
su vida.

Quién osaría entonces
decir: qué lástima
o llorar por ella?

Lloremos por nosotros
hermanos,
porque ya no tendremos más
su Luz.
(para vos Tula )


todo se está mojando…

Inmensa la luna se queja
la noche se descuelga
La mente es una gotera
por donde se filtra la vida
de contramano,
gota a gota.

El aire delira. Mis sueños
son pajareras de fantasmas,
sábanas de lujuria,
vientos de arrepentimientos;
alumbre y lumbre,
alcohol y soja.

La inmensidad destella
sus dientes de frío
y mi mejor amigo
todavía no me abraza.

Dios está olvidado
como perdido
por algún recoveco
de mis agallas
mojadas de lágrimas,
medio podrido por el sol
que todavía no asoma.

El agua, con su mejor sonido
me atornilla la atención.
Y hace calor aquí
débil y estéril.

Un calor de feria de vulgaridades,
de metas que solo se nombran,
de disfraces con lentejuelas
y antifaces transparentes.

Llueve y no es como antes:
todo se está mojando
y nadie le pertenece a nadie.

 


 

tu boca

 
Tu boca era mi devoción;
ahora blasfema rezo a rezo
la religión de sernos ajenos.
 
Las palabras eran templos
que habitabamos con inconciente fervor
hasta que fatalmente profanamos algunas,
las más irremplazables;
a ellas nunca podremos volver.
 
Cuando los signos del amar
se han convertido en los del desamor
es que se ha hecho ya un gran daño.
Imposible rescatar aquellas voces
envilecidas por el error.
 
Ya nada será igual.
Le dijimos amor,
a cualquier cosa
 


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