Archivo de la categoría: de Tana

y va a llegar otro invierno

Y va a llegar otro invierno
y luego otra primavera
y el olor de la salvia
no dejará de traerme
los colibríes
y la ausencia.
Y empezará otro día
entre tinieblas
incipientemente doradas
por un sol casi afónico,
y ni tu voz
ni tu olor
ni tu tibieza
ni tu paisaje feroz
de niño alado.
Mi alma sonríe a las maravillas
pero mi corazón te llora


dos vidas para una muerte

“Ya va a venir el día, ponte el alma.”
César Vallejo.

Tengo ángeles negros en mi cuerpo
con bocas de la mujer y brumas.
Tumultuosos espíritus del crimen
locamente me oprimen
hasta que veo mi espectro en las espumas.
Ya no puedo amar sino en sombrío
callejón del sueño que desmaya;
amar mi dolor a muerte junto a un río
revuelto de tristeza,
cuando dios, mi enemigo, mira y calla.
Un día mataré desamparada
la sórdida rosa que me calma.
Y he de quedar por siempre en el desierto,
más triste que dios muerto.
Es hora de vivir, me pondré el alma.
Me pondré el dedal y las pasiones,
la zamba del olvido y del dejarte,
y los perros, los gatos, los ratones.
Yo sola todavía
me pondré, como era, la otra parte.

Libertad Demitrópulos
Jujuy, Argentina. (1922-1998)


canícula

Al mediodía, desagua el amor,
los sueños más frescos e intrigantes;
estoy donde están los torrentes.
Alrededor de la casa grande hay un terreno sin cercos,
lleno de bananos, sólo de bananos,
altos como palmeras.
Llego y es la orilla del mar encrespado por corrientes,
remolinos azules.
Hay un peligro sobre la faja exigua
que es de arena y es blanca.
Quiero brazaletes
y la compañía del macho que elegí.

Adélia Prado
Brasil, 1935


poema n° 7

Poema N° 7

Me he enamorado sucesivamente
de un velero blanco
de un vidrio azul
de una pantera negra.
Me pregunto qué serás mañana.

Dalia S. de Acero
Argentina- 1926


encuentro

Estuvimos paseando a través de los campos
en un vagón al amanecer.
Una herida rosa roja en la oscuridad.

Y de pronto una liebre atravesó la carretera.
Uno de nosotros la señaló con la mano.
Eso fue hace tiempos. Hoy ninguno de ellos está vivo,
Ni la liebre, ni el hombre que hizo el ademán.

Oh, amor mío, dónde están ellos, a dónde han ido?
El destello de una mano, la línea de un movimiento,
el susurro de los guijarros.
Pregunto no con tristeza, sino con asombro.

Czeslaw Milosz
Lituania, 1911-2004


agua

Si me invitaran
a crear una religión
usaría el agua.

Ir a la iglesia
implicaría cruzar un vado
y llegar a ropas secas, distintas;

mi liturgia utilizaría
imágenes de inmersión,
un furioso y devoto empapamiento,

y  levantaría hacia el este
un vaso de agua
donde la luz en cualquier ángulo
se congregaría hasta el infinito.

Philip Larkin


en una noche

En una noche que debió ser de lluvia
o en el muelle de un puerto tal vez inexistente
o en una tarde clara, sentado a una mesa sin nadie,
se me cayó una parte mía.
No ha dejado ningún hueco.
Es más: pareciera algo que ha llegado
y no algo que se ha ido.
Pero ahora,
en las noches sin lluvia,
en las ciudades sin muelles,
en las mesas sin tardes,
me siento de repente mucho más solo
y no me animo a palparme,
aunque todo parezca estar en su sitio,
quizá todavía un poco más que antes.
Y sospecho que hubiera sido preferible
quedarme en aquella perdida parte mía
y no en este casi todo
que aún sigue sin caer.

Roberto  Juarroz.


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